miércoles, 5 de diciembre de 2012

T DE TRISTEZA


Tengo una tristeza así de grande, con t mayúscula. Con t de Tabaré temblando de terror.

Con t de temor en el futuro, de transnoche sin dormir, de tiempo perdido y tarea pendiente. Con una t de tumor terminal. Con una t de te-puede-pasar.

Con una t de tarde nos dimos cuenta, ¿te acordás del talud en la amsterdam y del tablero de ajedrez?

Con una t de tajo, temporal, tóxico, trauma y tos, mucha tos.

Tengo una tristeza así de profunda, con una t terminal-temblorosa-tempestad-tétrica-terrible-tormentosa-trágica, una t de tinieblas.

Una t sin tregua-tesoro-tibieza-tratamiento. Una t de terapias-teorías y telescopios. Una t de tobogán, de tentáculos, de tiritar

Tengo una tristeza de t que tiembla-triza-trunca-tritura-transfigura-trastorna y termina

Una t de trinchera-transfusiones-traumas-tufos-trozos. Tengo una tristeza así de profunda y terrenal, sin techo y sin tapa, que tanteo y tecleo, tangente y tensa, tiesa y sin testamento.

Tengo una tristeza de todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar.

Una tristeza con t de tal vez-tampoco-también: con t mayúscula de tumba.

Tengo una tristeza con t de túnel, sin luz al final.

jueves, 22 de noviembre de 2012

EN EL NOMBRE DE MI PADRE


En el nombre de mi padre: pido tiempo.

Pido tiempo a cambio de recuperar el tiempo perdido. Pido tiempo para el egoísmo del amor desperdiciado, de los reproches mundanos, de la vida perdida.

No pido perdón, ni escondo la culpa: solo pido tiempo.

Yo sé que queda menos, siempre queda menos. No pido el tiempo de otros, solo un poco más de su tiempo. Yo sé que esta cuenta regresiva es parte de la vida. Y presiento, asustado,  una suerte de extraño flash forward donde me veo ahí parado en medio de una casa derruída en Aires Puros o en la Bajada de San Miguel de Barcelona o en el jardín de mi casa en Santiago, mirando hacia atrás sin nadie más en la lista de los viejos de la familia, como otro anuncio certero e ineludible de que mi tiempo también va en retirada. También, por eso, por tristeza y miedo, pido tiempo.

Pido tiempo en general no sé a qué y en particular tampoco sé a quién. (Sospecho que mi padre no aceptaría un trato con nadie y yo, lo intento, pero no puedo creer: de todas formas, pido tiempo)

Y lejos de la agonía:  pido un tiempo de luz y de chistes. De sol y de agua dulce. De nietos y de goles. De conversaciones al pedo para arreglar el mundo en los asados. De amores incondicionales despidiéndose a tiempo.

Yo sé que tuvimos cuarenta y cinco años mal usados. Yo sé que, tal vez, desperdiciamos nuestro tiempo. Y podríamos desperdiciar, sin mucho esfuerzo, otros cuarenta y cinco años más sin ponernos de acuerdo. Yo sé que llegamos tarde donde muchas veces no pasaba nada. Por eso no pido un milagro: tan solo pido un poco más de tiempo.

Un buen tiempo.

Un tiempo sano.

En nombre de mi padre y de su hijo y de los hijos de su hijo: pido tiempo.

viernes, 19 de octubre de 2012

45

Lou Reed, Bob Dylan, Keith Richards y The Clash.

Just when I thought I was out, they pull me back in!.

Cuatro rosas y Adaggio a mi país. El último punk se suicida en Putney Bridge. La lluvia cae sobre Montevideo. Sácame de aquí.

Las fotos de Mary, mi madre, y su recuerdo que no puedo recordar.

Una coca cola bien helada y un pancho de La Pasiva. Un Ricardito, chocolate por fuera y merengue de corazón.Un chivito canadiense y una pizza doblada de Can Conesa en la Plaza Sant Jaume.

El abrazo de Olga. La compañía del abuelo Raúl viendo boxeo en la tele banco y negro del comedor.La incondicionalidad de Chichita y Marta. La llamada de Yamandú. Los ojos de Elena, el aire en sus manos contra mi asma, caminado bajo la lluvia por primera vez y esas muertes que no tienen que nacer, esos cánceres que deberíamos asesinar.

Mi padre.

Punta Carretas y su rambla. Barcelona y sus ramblas.

La mano de Suárez, el ghanés errándolo, Abreu picándola adentro. Morena Gol en el último minuto de la final del 82 en Santiago. El gol de Belleti bajo la lluvia en París y a miles de kilómetros llorando solo en casa: todo lo que estaba mal tenía que cambiar. Here comes the sun: Messi contra el Manchester en Roma. Ronaldinho en el tercer gol aquella tarde en Madrid.

Pretty Vacant, Sid. Always on my mind. El Ché y Jesús, quiero pero no puedo. El Caballero Rojo. Meteoro.

Esos libros que leí y que ni sueñen dejaré salir de mí, con esos escritores que escriben tan bien como yo nunca podré escribir.

El avión de los niños. Los amigos que tuve, perdí y recuperé.

Montevideo, noviembre, el No: ganar. Juntar las firmas, votar verde y perder.

Invierno: unos bagels en Brooklyn con Isabel. Verano: Aguas Dulces con Isabel.

Mi vida con Isabel.

Toda la vida con Nicolás.

Toda la vida con Natalia.

viernes, 16 de marzo de 2012

ELENA, NICOLAS Y PAUL


Para tirar por tierra aquella teoría de que madre hay una sola, mi padre que sí es único y entre muchas gracias, también es bastante original, me dio claramente sin proponérselo conscientemente y golpeado por los navajazos de la vida, varias madres. Una de ellas fue Elena, que además de unos hermosos ojos grandotes y verdes, poseía un privilegiado talento para cantar con una afinación maravillosa las canciones de los Beatles. Elena, por sobre todos, adoraba a George. Gracias a ella escuché hasta memorizar “Abbey Road” o “With The Beatles”. Como yo no llevaba su sangre, absorbí de ella, entre otras virtudes y defectos de carácter privado, su tozudez y el amor por la música, especialmente, por los Beatles. Obviamente, durante mi adolescencia dediqué todo el tiempo posible en hacerle sentir que los Stones eran mejores que los de Liverpool, apreciación tan válida como infantil e inútil. Ella hacía caso omiso de dicha agresión sistematizada que, por cierto, abandoné con el correr de los años, no por considerarla falsa, sino, tan solo, innecesaria. Era preferible pelearse y amarse, discutir y reencontrarse por otros temas más terrenales, como así lo hicimos hasta que el cáncer la consumió en el Hospital del Mar, frente a la aguas de Barcelona, a comienzo de una primavera catalana, hace ya diez años.

En toda mi carrera y sus diferentes matices, vinculado siempre a la música de alguna manera u otra, me he preguntado sobre la utilidad de la misma. La de la música, digo, no la de mi carrera. La segunda, está claro, sólo ha servido a efectos prácticos, a la supervivencia y la adquisición de (escasos) bienes materiales perecibles y algunos de ellos heredables y útiles. La música, al margen del ejercicio económico que su intercambio comercial en diferentes variables implica de beneficioso para sus mercaderes de turno (autores, intérpretes, medios de comunicación, productores de eventos, sellos discográficos, y todo tipo de intermediarios), cumple la invalorable función intangible de llenarnos el vacío que deja la pena, acompañarnos en el goce del placer, coronar la luminosidad de ese fugaz momento de felicidad. En los vértices de los estados de ánimo, siempre he tenido una canción junto a mí. Y Elena me ayudó a conocer muchas de ellas, entre tantas, esas melodías firmadas por McCartney, Lennon y sus compinches.

Si hablamos de oportunidad y de música, Nicolás llegó a mi vida sonando como “Here Comes the Sun” y aportando, sin proponérselo, un sentido útil a la vida de su padre, tan proclive a aburrirse y perderse en sus laberintos interiores sin caminos de retorno, grisáceos, pantanosos, nihilistas. Incluso antes de nacer, Nicolás, que era como una astronauta en miniatura que nadaba en la panza de su madre -jugando con la burbujas, galopando en búsqueda del ombligo materno, flotando en la calidez de ese espacio entre las costillas y el estómago de su mamá, protegido de todo- ya bailaba nuestras canciones. Cada día que pasa y que lo veo crecer, me convenzo de que lo mejor que pude haber aportado a esta vida hasta ahora es cuidar de él y de su hermana. Luchar para que disfruten, mientras puedan, del placer de no tener que entender del todo lo que ocurre a su alrededor. Con su abuela viviendo a miles de kilómetros y muy enferma, haber tenido la diminuta posibilidad de hacer posible que compartieran dulces, juegos, abrazos, besos, gestos, paseos en la plaza y canciones durante algunas semanas fue mi mayor consuelo ante la agonía de Elena. Después de aquel encuentro entre abuela y nieto que duró cinco semanas, ella se dejó llevar y murió un mes y medio más tarde, con sus auriculares puestos, rodeada de enfermeras que iban y venían entre muertes y nacimientos, entre cables de suero y agujas. Murió con el chat abierto, con el tiempo congelado en su memoria y con una imagen de Nicolás, su nieto, bailando “Come together”.

Hace un año estuve con Nicolás en el Estadio Nacional viendo a Paul Mc Cartney, ese señor que tiene la edad de mi padre. Un show impecable del cual muchos hablaron y hablarán más y mejor que un humilde servidor. Eso sí, mientras lo escuchaba me daba cuenta que nuestras vidas han seguido rodando a la par de sus canciones en vivo, y durante todos estos años he seguido sin encontrar consuelo a mis muertes jóvenes ni en dioses, ni en científicos, ni en filósofos. Pero aquella noche de mayo, cuando sonaba “A Day in a Life” o “Hey Jude” en clave karaoke masivo dirigido por Paul bajo un cielo de celulares encendidos, parecía como si el universo hubiese girado en torno a mis fantasmas personales y en una visión redentora y brillante aparecieron, juntos y cantando abrazados para mí: Elena y Paul y Nicolás. Fue un flash emocional tan luminoso que mereció ser real. Aunque no importe la certeza de la realidad en estos casos, me quedó flotando un profunda sensación de felicidad. Esa felicidad en estado puro y fugaz que va y viene. Esa felicidad que, como tantos, persigo hace más de cuarenta y cuatro años. Esa felicidad que cada vez que la alcanzamos, se nos vuelve a escapar. Y tenemos que volver a empezar.-

domingo, 27 de noviembre de 2011

LOS AMIGOS

La felicidad se disfraza de formas curiosas. Ayer se transformó en un correo electrónico de un viejo amigo.

Los amigos que uno deja de frecuentar, de llamar, de escribir, son como pedazos de uno mismo desparramados por ahí. Y cuando uno está en la mitad del túnel o aún más, es preferible intentar pegar esos pedazos que quedarse con los huecos en el alma y la piel. Yo me había pasado el sábado enterito buscando por internet a un viejo amigo, incluso le escribí a varias mujeres francesas, con el mismo nombre de la que creía era aún su pareja, sin suerte. Y ayer la alegría se transformó en mail y mi amigo me escribió, precisamente, después de cinco, seis, siete años de silencio y me dijo que estaba en ese momento de su vida juntando pedazos de sí mismo que habían quedado desparramados… Y ahí me di cuenta de que se trata la amistad: de ser pedazos que otros ponen en su lugar y en su propio cuerpo para tapar sus agujeros de tristeza, soledad, aburrimiento, amor. Los amigos son piecitas de un puzzle que a veces encaja tan bien y otras veces se pierden y no sabemos dónde ni por qué no las buscamos más.

Pienso en mis amigos mucho más de lo que ellos mismos podrían imaginarse. Y ayer después de ese mail pensé en como uno se pasa la vida con ellos: primero intentando pasarlo bien, luego averiguando qué hacer con ella gastándola en algo que ojalá nos apetezca, para terminar buscando cómo sobre sobrevivirla de la mejor manera posible antes que el juego tintinee un game over irreversible. No more insert coin para encender la máquina. En el medio: nos amamos y desamamos con tanta pasión o frialdad como jamás lo imaginamos. En el medio está todo eso que llamamos la vida.

No sé si yo me eligiría a mí mismo como amigo mío. En realidad, probablemente, no. Soy un ermitaño de difícil comprensión que se crió tan solo que se acostumbró a ello: una característica poco propensa para la amistad. Mis amigos, por ende, no deben ser tan perfectos para haberme elegido en algún momento de descuido en sus vidas. Los quiero porque algo de ellos admiro en cada uno de sus seres. A veces más, a veces menos. Con más dolor y con más felicidad. Con más calma y con más arrojo. Con más y menos dedicación, sabiduría y paciencia. No hay garantía emocional par la amistad y a veces cae por su propio peso y desaparece sin dejar rastro. Otra veces sobrevive como un sinsentido más del universo.

Hace como cinco o seis años empecé a buscar a mis amigos desparramados. Fue cuando me enteré de casualidad que un infarto desplomó para siempre a Raúl, en su casa de Aires Puros, el día del cumpleaños de su nieto. Fue un impacto de dolor seco, que aún me hiela la mirada. Tenía los mismos años que tengo hoy yo. Los vivos siempre sufrimos más que los muertos (al menos eso es lo que suponemos ) y no sabemos qué mierda hacer con la culpa, con el tiempo perdido y con las palabras nunca dichas y todo eso. Con algunos otros muertos en mi espalda, me di cuenta que el orgullo era un tarado que vivía en mí, a costas mía y sin pagar los impuestos. Les aseguro que no hay nada más gratificante que asesinar a sangre fría esa parte de uno que uno detesta cada mañana. Ese día comencé a recordarles (y recordarme) a mis amigos perdidos cuánto los echaba de menos y cómo los necesitaba. De una manera menos rebuscada, intenté que volvieran a ocupar esos espacios vacíos que sus ausencias habían dejado en el rompecabezas de mi propia vida.

Ayer encontré el último pedazo desparramado y armé el puzle completo por primera vez en muchos años. Mi corazón se convirtió en una montaña rusa de sensaciones rozando la cursilería de esta columna empalagosa: la felicidad, también puede tener forma de correo electrónico y de blog. No es el envase ideal, pero ayuda cuando uno se siente que está agotado de esperar –tan cerca, tan lejos- el final. Ahora tengo la certeza que mis amigos andan por ahí: en Madrid, Santiago, Montevideo, Marsella, Barcelona… Cargan, como pueden, como saben, como les dejan, con sus vidas. Espero, es más, añoro profundamente que deambulen por ahí con un pedacito de mí mismo a cuestas. Como una pieza más de su rompecabezas.

Mis amigos, como yo, aparecen y se desvanecen de nuestro día a día, como las luces locas de una carretera llena de coches desquiciados. No es exactamente la vida que nos imaginamos, pero da igual. En medio de este correr hacia algún lugar me acabo de dar cuenta que, entre otras cosas y en medio de este respiro, aún le debo algo a todos ellos, una palabra: gracias.-

(para Raúl, Fernán, Alfonso, Aldo, Ismael, Alejandra, Enrique, Alfredo, Marcelo, Pablo, los que me olvido y los que vendrán)

jueves, 24 de noviembre de 2011

25 Años de Montevideo Rock I, LA ERA DEL CASSETTE (segunda y última parte)


TRECE - Deben haber pasado miles de otras cosas durante todo el año 1986. Entre ellas, el premio Nobel de la Paz para Desmond Tutu en una Sudáfrica aún con el apartheid en firme y Ronald Reagan y su Irangate. Pero yo me acuerdo de algo por sobre todos los acontecimientos: el Mundial 1986, con Borrás y Ruben Paz sentado en el banco. Con Alzamendi y el gol a los alemanes. Con la humillación a la que nos sometió Dinamarca y aquel 6 a 1... Me acuerdo de las tardes perdidas frente al televisor y la sombra intrusa que se estampaba en el césped del Estadio Azteca en las trasmisiones que ofrecían a un Diego Armando único, imparable, endiabladamente genial e inigualable.

CATORCE – Estamos en el Sábado 22. El hombre sube con una máscara que recorta su pelada y corona ese cuerpo de yonqui en medio de la escapatoria imposible de las agujas. Luca Prodan es el front man de una aplanadora musical que es mucho más que una banda de rock en medio de aquellos años de plástico y post-punkies: es una mezcla musical sin claros límites estilísticos definidos, con ásperos vértices musicales y distorsiones, spanglish y gaitas, reggae esponjoso y letras surrealistas. Sumo es lo mejor del festival. Y nadie queda indiferente.

QUINCE - El tipo se llamaba Walter Di Giusti. Asesinó el 7 de Noviembre de 1986 a la abuela y la tía de Fito Páez. El rosarino sube al escenario de Montevideo quince días después. Balbucea algo así como: “me siento medio raro” y estrena la inédita “Ciudad de pobres corazones”. Es un show brutal. Es un Fito al borde y que se transforma en un nuevo Páez, oscuro y visceral, anfetamínico y apocalíptico, envuelto en una performance removedora y emotiva.


DIECISEIS -
Eran los únicos que podían dar un broche de oro a este ascedente sprint final del sábado. Amparados en una bien ganada credibilidad de hortodoxia rockera a prueba de modas y caídas en desgracia circunstanciales, Los Estómagos aguijonean a la multitud con el pogo solitario de Peluffo y la muralla sonora de la guitarra de Parodi. Su militancia rockera dicta sentencia de inmediato y la misa pagana se promulga bajo el coro de “Fuera de Control” o “ Cambalache”. “Quiero morir esta noche” gritamos con más vida y energía por delante que nunca.

DIECISIETE - En abril, los tupamaros solicitaron formalmente ingresar al Frente Amplio. Mientras en la coalición se lo pensaban, el domingo 23 de Noviembre, Guerrilla Urbana y su tema “Razzia” ganan el concurso impulsado por la IMM como mejor grupo de rock y mejor canción inédita. El intendente Jorge Elizalde es abucheado al momento de subir a entregarles el reconocimiento.

DIECIOCHO - Toca La Tabaré y, sobre todo, es una tarde heavy con momentos ruidosos y memorables por parte de Acido, Cross, Alvacast… No recuerdo haberlo visto en persona, pero la mitología urbana cuenta que alguien amenazó desde el escenario con tirar abajo la torre del sonidista argentino si no mejoraban las condiciones para nuestras huestes metaleras. Abriéndose la noche, es el tiempo para el pop de ambas orillas con una sólida presentación de Zero amparado en su hit “Riga” y del profesionalismo impecable pero gélido de GIT. Otra leyenda cuenta que Willi Iturry termina a golpes con su stage manager.

DIECINUEVE - Hago entrevistas para la revista que me contrató. Entrevistas que nunca publicaré porque la publicación quebraría. Ricardo Musso, guitarrista del Cuarteto de Nos consultado sobre el futuro responde: “El futuro está atrás”.

VEINTE - “Estamos mal /Estamos Mal /Estoy aburrido”, canta Neoh 23 en algún lugar y retumba en todo el país. Un estudio oficial arroja que el 75% de los adolescente de no se sabe qué liceo escuchan rock nacional. Berch y Aram Rupenián, Radio Mundo, el hoy diputado Abel Duarte y su Musicalisimo y la movida tropical siempre firme -que aún no paría a la nueva generación como Karibe con K, entre otros- lo ignoraban olímpicamente o se hacían cargo de mostrarnos otra realidad, otro Uruguay joven tan o más real y “silenciosamente” activo que nunca puso un pie en la Rural rockera.

VEINTIUNO - Oscar Larroca fue prohibido en una exposición en la Intendencia Municipal de Montevideo. Los rockeros no entendemos (casi) nada de arte pero nos cae simpático. Larroca habla del rock local en la prensa de la época: “Lo que dificulta la imagen del rock son las roscas comerciales que hay detrás”.

VEINTIDOS - Gustavo Verdesio, con sus intensidad académica imbatible a cuestas, escribe: “No podemos dar la espalda a estos jóvenes, apocalípticamente, ubicándonos en u inmerecido pedestal, desde el cual impartimos dudosa cátedra. Es necesario investigar las causas de este fenómeno en lugar de condenarlo, comprender y no negar, en suma: adoptar una actitud lo mas científica posible”.

VEINTITRES - Cocacola y rock and roll. El underground siendo parte del sistema como siempre y sin darnos cuenta. La ingenuidad a flor de piel. El esfuerzo y encanto amateur frente al profesionalismo cruel. La juventud egoísta y ciega a flor de piel y el placer de la ignorancia de no aceptar que había que equivocarse y caerse mil veces para seguir avanzando. Mata a tus padres. Lo quiero todo y lo quiero ya. Que me pisen-estamos mal-fuera de control-no estoy loco-bailando en la oscuridad-quiero puré. El no future que en realidad será un futuro más o menos nuestro o ajeno o en manos de otros y qué más da. La inigualable sensación de libertad a pesar de todo y de todos. Me quiero ir y me quiero quedar, no aguanto más viviendo en Uruguay. Eso, tanto y tan poco fue, también, Montevideo Rock I. Tanto y tan poco: nada más.


VEINTICUATRO -
Juan Casanova lleva una barba liviana y la misma campera beige que vestía en el Teatro de Verano unos días atrás, cuando tuvo que escapar entre la multitud tras cantar algunos de los temas excluídos y censurados del “Montevideo Agoniza”. Estamos en un baño haciendo, entre otras actividades, una entrevista. Nos sentimos parte de la historia. Parte de algo. Parte del comienzo de un final. Juan tiene un carisma inquietante. Dice sus canciones con una mezcla perfecta y explosiva de elegancia, desprecio, furia y resentimiento. Nattero es como un Mick Jones vernáculo, a veces cristalino en sus riffs, a veces sucio y barriobajero. Dana y Bourdillón son la base rítimica perfecta del nihilismo cerril hecho banda post punk. Sus canciones son cápsulas de tres minutos que impactan en el centro del cerebro adolescente y juvenil de aquellos días con una efectividad milimétrica. Su presentación, en duda tras los incidentes del show en el Teatro de Verano del 24 de Octubre, cierra Montevideo Rock con una certeza brutal: son un grupo de individuos en el momento y el lugar perfecto, unidos por un momento único de ebullición creativa, caminando entre el caos y la gloria efímera, al borde de un precipicio artístico y sin red, en medio de un entorno hostil y perplejo. Artísticamente, probablemente, disfrutamos de un grupo y un show en su mejor momento, en su estado ideal de primitivismo, ingenuidad y mayor pureza.

VEINTICINCO - Entrevista a Rosana, 14 años en Noviembre de 1986
- ¿Trabajás o estudiás?
- “No hago nada.”
- ¿Por qué viniste a Montevideo Rock?
- ….
- ¿De donde sos?
- “De Pando”
- ¿Qué perspectivas tenés del evento?
- “Nada”
- ¿Y de tu futuro?
- “Nada”.-

miércoles, 23 de noviembre de 2011

25 Años de Montevideo Rock I, LA ERA DEL CASSETTE (primera parte)


UNO - No fue un viernes como cualquier otro. Fue el viernes 21 de Noviembre de 1986, primera jornada del festival. Parafraseando a aquella mítica revista española, Ruta 66 (de páginas en blanco y negro, por supuesto): eran tiempos de rock and roll. Tenía 19 años recién cumplidos. Estaba en medio de mi “fin de semana perdido” que duraría un par de años más… Malos tiempos para la lírica, peores para el estudio y el orden familiar. Pelos rapados, camisetas raídas, pantalones ajustados a los tobillos, viejos sobretodos del abuelo y largas, muuuy largas caminatas desde Aires Puros, con escala en el departamento de Alfonso Rodríguez y su heladera semi vacía en el Parque Posadas hasta el Prado. Objetivo habitual: el liceo Bauzá. Objetivo actual: La Rural del Prado, Montevideo Rock I, primera jornada. Viernes 21.

DOS - Había comprado la entrada para ese primer día. Dentro del recinto logro acreditarme para la revista Mediomundo. Nadie la conoce, pero nadie pregunta nada. Amenaza de lluvia. Música indescifrable en el escenario B. En el escenario principal, a las viejas del Cuarteto de Nos no les importa nada ni nadie y sacuden al personal.

TRES - Unos días después, Raúl Forlán Lamarque escribió en el semanario Jaque: “Policías y más policías en la Rural del Prado. Entre un jadeante collage de raros peinados nuevos, policías justificando quizás el nuevo éxito de Los Tontos. (…)La imagen se repetirá, a modo de irritante anáfora, los días sábado y domingo. Me dice un colega radial: ‘Parece un presidio con reclusos adolescentes’ Tiene razón, pienso. Nadie parece confiar en los jóvenes. ¿Por qué?”

CUARTO - Primera sensación del evento: hay mucha gente, mucha policía y mucha Coca Cola, sponsor oficial del festival. Por los altorparlantes suena la misma música que escuchamos los fines de semana en “Concierto al Sol” de Emisora del Palacio o que vemos los sábados por la noche en “Video Clips” de Canal 5. No conocemos MTV. Ni internet. Ni los teléfonos celulares. Ni siquiera hemos visto eso que llaman compact disc. Somos una generación que piratea los vinilos a cassettes.

CINCO - Las estrellas internacionales del sábado son La Torre con su hard rock de efeme y Paralamas Do Sucesso. A los brasileros los corre una lluvia traidora que azota Montevideo. Todo festival de rock que se precie de tal debe tener su momento de barro y caos climático, pienso. El grupo de Herbert Vianna no toca. Fernando Cabrera, programado para ese día y con apuesta rockera, lo hará el domingo. Nadie protesta demasiado. La guerra de barro no está tan mal.

SEIS - Rewind del calendario: en Noviembre de1986 no habían nacido ni Luis Suárez ni Lionel Messi. Fernando Muslera se aprestaba a cumplir 6 meses atrapando mamaderas en el aire. También daban sus primeros alaridos entre pañales Lady Gaga, Robert Pattinson, Megan Fox, Rafael Nadal y Usain Bolt. Fue el año en que murieron Jorge Luis Borges y Juan Rulfo. El año que mataron a Olof Palme. El año que se accidentó fatalmente Cliff Burton de Metallica. Cuando Cary Grant pasó a ser inmortal en el celuloide definitivamente. José Mujica llevaba año y medio en libertad. Tabaré Vázquez era Presidente…del Club Atlético Progreso y desde 1979. Un mes después de Montevideo Rock I, la madrugada del 21 de Diciembre, el gobierno de Julio María Sanguinetti lograría aprobar la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado con los votos del sector liderado por Wilson Ferreira Aldunate. No pocos lo consideraron un estadista. Otros, un traidor. El cáncer no le daría otra oportunidad.

SIETE - Sábado 22 de Noviembre. Sigue el concurso de nuevos artistas impulsado por la Intendencia Municipal de Montevideo, otro de los sostenedores del festival. Toca una banda llamada Guerrilla Urbana. Tussi, el vocalista, es un Johnny Rotten en desarrollo pero en nuestro idioma y con los mejores textos de canciones que haya descubierto hasta la fecha. Atemoriza a todas las hermanas menores del barrio. A mi me encantan.

OCHO - Para los que piensen que todo tiempo pasado fue mejor, ya en el año 86 existía Chayanne con su álbum Sangre Latina. Sonaba todo el día Bon Jovi con “Slippery When Wet” y Europe con “The Final Countdown.” Eran tiempos de Sting (“Bring on the Night”), The Smiths (“The Queen is Dead”), Van Halen (“51 50”), Metallica (“Master of Puppets”), Madonna (“True Blue”) o Depeche Mode y su “Blank Celebration”. Peter Gabriel nos aplastaba con su gran obra maestra, “So”. Run DMC marcaba línea a seguir con “Raising Hell”. Y en el hemisferio latino no todo era “Oktubre” de Patricio Rey o “Signos” de Soda Stereo, antes que cayera en su abismo personal Fito Páez había lanzado “Corazón Clandestino” y Los Encargados apoyaban el mítico “Silencio.” Mecano vendía millones con “Entre el cielo y el suelo” y el Ultimo de la Fila apuntaba al mainstream como la gran banda pop española de culto con el sensacional “Enemigos de lo ajeno”. Más Cindy Lauper, más The Cure, más Whitney Houston…

NUEVE - Sábado. Escenario B. Calor asfixiante. Toca Níquel con Estela Magnone en los teclados. Legiao Urbano, los míticos paulistas, deleitan a los pocos entendidos en el escenario principal. Tiempo después me peleo con mi amigo Raúl Forlán Lamarque que escribió en Jaque: “Excelentes instrumentistas, pero nada más”. Un par de años más tarde, llega al estudio del Sodre, cuando con Aldo Silva hacíamos el programa Ultima Generación, Andrés Sanabria Blanco. Era fanático del rock brasilero. Y la persona que más sabía de Legiao Urbana fuera de Brasil. Forlán ya había admitido que Renato Russo era un adelantado a su tiempo. Raúl también lo fue.

DIEZ - No existía la revista GAS Subterráneo, pero por ahí debían andar, entre el público: Fernán Cisnero, Pedro Dalton, Gerardo Michelín, Sandra Viscuso y Jorge Bonomi. Y probablemente Gabriel Peveroni y el germen del fanzine “Cable a Tierra”. Y Gustavo Escanlar y su idea de la revista “Suicido Colectivo”. Todavía no nos conocíamos. Pero ahí estábamos todos los que teníamos que estar. Menos de los que hoy dicen haber ido. Pero unos cuantos.

ONCE - Sigue la música. Los Tontos no dejan títere con cabeza y su función es perfecta. Poco menos de un año y medio más tarde el público los bajaría a pedradas e insultos de Montevideo Rock II. Pero en Noviembre del 86, Renzo Teflón, Calvin Rodríguez y Trevor Podargo, eran aún los más populares y queridos en el barrio.

DOCE - Habían anunciado a Siouxsie & the Banshees pero nos llegaron los Valija Diplomática desde Chile. Happy pop simpaticón y con un hit insoportablemente pegadizo: “Mi vida vale más”. Ocultan sus simpatías políticas de centro-derecha, Los Tontos los presentan y son un moderado éxito. Los otros invitados chilenos son el grupo Los Prisioneros, acérrimos opositores a la dictadura chilena, y el combo más popular al otro lado de la cordillera. Acaban de lanzar su álbum “Pateando Piedras”. Un par de meses antes, la mala puntería es la protagonista en el fallido atentado a Pinochet. El general recrudece la represión en los últimos años de su gobierno que decaería recién cuatro años más tarde.
(Continúa mañana…)